Cuando los hijos hacen travesuras, berrinches incontrolables, se pelean o desobedecen retando a sus padres, la primera tentación que viene a la mente es poner un “hasta aquí” tajante mediante una cachetada, una nalgada, un jalón de orejas o cabellos, o un pellizco. ¿Aprenderá que su conducta es inaceptable y dejará de hacerla o se traumará y se volverá una persona resentida?