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Ya me jubilé, ¿y ahora qué hago?
3 diciembre 2012
Sección: Galería de imagenes, Psicología
Ya me jubilé, ¿y ahora qué hago?

Blanca Pelayo Gutiérrez*

 

Para muchas personas, la llegada de la jubilación es una de las etapas más temidas de la vida. ¿A qué me voy a dedicar? ¿Todavía serviré para algo? ¿Qué voy a hacer con todo el tiempo que voy a tener? ¿Se van a atrofiar mis capacidades? Éstas son algunas de las preguntas que comúnmente se hace la gente que acaba de jubilarse.

 

Al romper con la rutina establecida del trabajo, el cual ha formado parte de la vida de una persona durante 30 o 40 años, surgen sentimientos encontrados.

Dejar de trabajar marca un antes y un después en la vida de cualquier persona. Para algunos supone una crisis; sin embargo, otros confiesan estar en su mejor momento, porque toman el retiro como un premio al esfuerzo de toda su vida y eligen dedicar más tiempo para ellos mismos o lo toman como una buena oportunidad para hacer aquellas cosas que siempre habían querido y no pudieron por estar dedicados al trabajo, a los hijos, etcétera; por lo tanto, afrontar la jubilación puede resultar enriquecedor.

Fernando, un jubilado de 57 años, dice: “Al principio fue muy difícil evitar la depresión porque la noticia me chocó un poco, ya que, aunque estaba todavía bien físicamente, pensaba que me habían jubilado porque ya no hacía bien las cosas; me costó algún tiempo entender que era mejor que entrara a trabajar gente nueva. El primer lunes después de la jubilación me desperté como cualquier otro día para ir al trabajo, hasta que me detuvieron en la puerta y me preguntaron: ‘A dónde vas, si ya estás jubilado’. Entonces me pregunté: ‘Y ahora qué hago’. Por eso, yo aconsejo a la gente que deja de trabajar que busque un hobbie o que practique un deporte, ya que físicamente estamos activos y podemos aprovechar para hacer cosas que antes no podíamos hacer. Yo, por ejemplo, toda la vida había querido navegar en bote, pero cuando trabajaba nunca tuve tiempo, así que me dije: ‘Ahora es el momento de hacerlo y nadie me va a quitar este gusto’”.

El psicólogo estadounidense Erik Erikson considera que todo ser humano, a lo largo de su vida, atraviesa por diversas etapas de crisis. Y la forma en que las resuelve determina su proceso de adaptación y su salud mental.

La crisis de la tercera edad tiene que ver con la llegada de la jubilación, una etapa compleja que generalmente suscita angustia, depresión y sensación de abandono. La angustia está relacionada con el temor a lo que va a pasar, a la manera en que se va a manejar la situación, principalmente desde el punto de vista económico; mientras que el lado depresivo va de la mano de la soledad y de la sensación de abandono de los objetos y las personas con los que se tuvo contacto durante años.

En el trabajo la persona ha empleado gran parte de su tiempo y su energía; por eso, cuando se retira, es importante que tenga claro qué va a hacer. No se trata solamente de pensar cuánto dinero recibirá, cuándo y en qué lo invertirá, sino qué va a hacer por lo menos ocho horas diarias, que son las que dedicaba al trabajo, durante el resto de su vida.

Por lo anterior, es necesario que el jubilado realice la mayor cantidad posible de actividades, las cuales lo ayudarán a prevenir enfermedades, pues está comprobado que cuando disminuyen las defensas, una persona es potencialmente más susceptible de sufrir enfermedades, así como depresión. Además, mientras más actividades puedan realizar nuestros órganos y nuestros músculos, funcionarán mejor. La pérdida de la concentración y de la memoria tiene que ver directamente con la falta de ejercicio o actividad física.

Por otra parte, la familia desempeña un papel muy importante como soporte emocional y compañía: una de las grandes recompensas durante la etapa de la jubilación es la convivencia con los nietos.

Además, los familiares pueden ayudar a detectar síntomas depresivos en el jubilado, como la pérdida de interés en las cosas, el aislamiento, los sentimientos de minusvalía o los cuadros psicosomáticos.

A continuación se mencionan algunas recomendaciones para pasar satisfactoriamente por la etapa de la jubilación:

- Disfrutar de los nietos y de los hijos.

- Profundizar en las relaciones familiares y con los amigos. (Es necesario programar una vida fuera del trabajo; si no se tienen amistades o no se realizan actividades fuera del trabajo, hay que cultivarlas.)

- Cuidar a una mascota.

- Dedicarse a un pasatiempo, como aprender a pintar, a tocar un instrumento musical, a practicar algún deporte, etcétera.

- Integrarse a alguna actividad que involucre a otras personas, como clases de baile o ritmoterapia.

- Aprender nuevos conocimientos y habilidades, como un nuevo idioma, computación, cocina, jardinería, etcétera.

- Participar en alguna organización de voluntariado.

- Emprender un negocio propio que permita trabajar unas cuantas horas al día.

- Viajar, si se cuenta con los recursos suficientes para hacerlo.

- Evitar caer en el error de decir: “A esta edad ya es muy tarde para hacer esto”.

Por último, es importante considerar que, aunque para algunos la jubilación es considerada como el periodo final de la vida, la etapa útil y productiva de una persona no tiene nada que ver con un límite de edad, ya que todos tenemos mucho que aportar a la sociedad en cualquier momento de nuestra existencia.

La jubilación no es más que otro ciclo de nuestra vida, que no podría considerarse el final de nuestra historia, sino un cambio trascendental y el comienzo de una nueva etapa que puede ser, incluso, mejor que la anterior; sin embargo, su éxito dependerá de cómo se combinen satisfactoriamente las actividades físicas, sociales y mentales.

 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 


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